IntelligencesReservado a miembros 23/06/20262Añadir a favoritos

El pionero de la fecundación in vitro en Francia ha tomado la palabra en contra de la GPA comercial. Su advertencia filosófica va mucho más allá del debate sobre la gestación subrogada: es la lógica de mercantilización de lo vivo en sí misma la que está en cuestión.
El 15 de junio de 2026, un coloquio coorganizado por el think tank Meta Nova y la Declaración de Casablanca se celebró en el Senado sobre el tema "GPA: desafíos éticos, jurídicos y políticos para Francia". La gestación subrogada comercial está prohibida en Francia. Los niños nacidos mediante GPA en el extranjero son reconocidos regularmente por los tribunales franceses, lo que crea de hecho una situación de tolerancia jurisprudencial.
El profesor René Frydman, pionero de la procreación médicamente asistida en Francia y autor del nacimiento del primer bebé probeta francés en 1982, tomó la palabra durante este coloquio. Su fórmula es directa: "El principio de la comercialización del cuerpo abre la puerta a una comercialización de todo".
Frydman no es un militante provida, ni un teólogo. Es un iniciador que identifica un límite que su propia práctica ha contribuido a desplazar. Su testimonio tiene un peso que los partidarios del statu quo no pueden ignorar.
La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la instrucción Donum Vitae (1987), afirma que las técnicas de procreación que recurren a terceros atentan contra la dignidad de la persona humana y la unidad del matrimonio. La Declaración Dignitas Infinita del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (2024, n. 51) califica explícitamente la GPA como "una grave violación de la dignidad de la mujer y del niño".
El realismo tomista formula el argumento en términos metafísicos: la dignidad de la persona es una propiedad ontológica, no contractual. No puede ser cedida, ni siquiera voluntariamente, porque no pertenece al orden de lo que se posee y se transfiere. El argumento de la autonomía corporal supone que el cuerpo sería una propiedad disponible como cualquier otro bien. Pero el cuerpo no es lo que poseo: es lo que soy.
Frydman identifica el momento preciso en que la medicina reproductiva da un giro: de una ayuda a las parejas infértiles a una industria de fabricación de niños por encargo. La distinción es real. Plantea la cuestión de qué es un niño —don o producto— y qué es una mujer —persona o proveedora de servicios—.
Este deslizamiento no comienza con la GPA. Se inició en las premisas implícitas de la PMA heteróloga. Frydman lo reconoce implícitamente: el desplazamiento de la finalidad médica sigue una lógica continua que él mismo ha contribuido a poner en movimiento.
La principal debilidad de la oposición laica a la GPA comercial es su incoherencia: aceptar la PMA heteróloga (donación de gametos) y rechazar la GPA comercial implica una distinción de grado, no de naturaleza, si no se recurre a un argumento antropológico fundamental.
Precisamente este es el aporte de la perspectiva católica: el argumento de la dignidad intrínseca va más allá del "es incómodo" para plantear la cuestión de qué es una persona y qué significa la filiación. Sin este anclaje, la oposición a la GPA comercial no dispone de una base filosófica coherente.
René Frydman no ha adoptado la visión católica de la persona. Pero ha realizado un acto poco común en el debate bioético francés: la autocrítica de un iniciador. Es una puerta que los católicos comprometidos en este debate deberían aprovechar con inteligencia, no para instrumentalizar sus palabras, sino para mostrar que el rechazo a la comercialización del cuerpo humano es una intuición accesible a todo hombre de buena voluntad.
La cuestión política que se deriva es concreta: ¿va Francia a regular la PMA y la GPA internacional, o dejará que el mercado mundial dicte las prácticas? La respuesta depende también de la capacidad de los católicos para llevar este argumento al espacio público, con el rigor que le corresponde.
El principio de la comercialización del cuerpo abre la puerta a una comercialización de todo.
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C’est vrai qu’il a raison sur le fond, mais c’est un peu facile de s’indigner maintenant alors qu’on a laissé faire pour d’autres marchés bien plus gros. La logique est la même depuis longtemps.
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