Europe 29/06/20262Añadir a favoritos

La presidenta de la Comisión Europea participó en el primer desfile LGBT organizado en Budapest desde que Viktor Orbán perdió el poder. François-Xavier Lemoyne analiza esta señal institucional de Bruselas y sus implicaciones para los católicos europeos.
Ursula von der Leyen participó en el primer desfile LGBT organizado en Budapest desde la derrota electoral de Viktor Orbán. Este gesto de la presidenta de la Comisión Europea tiene un significado institucional preciso: señala el alineamiento de la Hungría post-Orbán con las políticas de género promovidas por Bruselas, y el borrado simbólico de la excepción húngara que había sido una fuente de tensiones permanentes entre Budapest y la Unión Europea durante los últimos diez años. Von der Leyen enmarcó su presencia como una "celebración de la libertad" y un signo de que "Europa avanza unida".
Detrás del gesto político, es una visión antropológica la que von der Leyen defiende e impone: la de una Europa donde las categorías de género constituyen una identidad protegida prioritaria, y donde los Estados miembros que se oponen —como hizo la Hungría de Orbán con su ley de 2021 sobre la protección de la infancia— son tratados como desviados a corregir. Para los católicos y las familias tradicionales del espacio europeo, no está en juego la libertad de desfile, sino la cuestión de si sus convicciones antropológicas tendrán aún cabida en las instituciones comunes. Los tratados europeos garantizan la libertad de conciencia y la diversidad cultural de los Estados miembros (artículo 4 TUE), garantías que el activismo institucional de Bruselas tiende a erosionar sistemáticamente.
«Los creó hombre y mujer» (Gn 1,27). La diferencia sexual no es una construcción social enmendable por vía legislativa. Los católicos europeos deben permanecer presentes en el debate institucional, sin odio pero sin capitulación.
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