IntelligencesReservado a miembros 29/06/20266Añadir a favoritos

Investigadores acaban de crear embrioides capaces de desarrollar tubos neurales, precursores de órganos e incluso una cámara cardíaca primitiva que se contrae de manera autónoma. Marie-Thérèse Bonnet analiza este cruce de frontera en nombre del realismo tomista.
Habíamos seguido la trayectoria de este hilo: el misoprostol recetado solo, la Academia Nacional de Medicina en contra de los gametos remunerados, la confrontación simbólica entre el legado de Jérôme Lejeune y las lógicas utilitaristas de la biología reproductora contemporánea. La noticia publicada por Généthique este 29 de junio representa un salto cualitativo: los embrioides desarrollan ahora una cámara cardíaca primitiva que se contrae de manera autónoma.
Según los datos publicados, equipos de investigadores han logrado que embrioides —estructuras sintéticas construidas a partir de células madre, sin fecundación de un ovocito— desarrollen tubos neurales, precursores de órganos y una cámara cardíaca primitiva funcional. Estas estructuras no son embriones humanos en el sentido clásico, pero imitan su desarrollo temprano con una fidelidad creciente. La frontera entre "modelo" y "organismo" se vuelve cada día más delgada.
La pregunta planteada por estas investigaciones es precisamente la que Donum Vitae (1987) y Dignitas Personae (2008) formularon con claridad: el respeto debido a la persona humana comienza desde el inicio de la vida biológica, independientemente del modo de concepción. El Magisterio aún no se ha pronunciado sobre los embrioides como tales, pero los principios aplicables son claros: toda entidad cuyo estatuto biológico se aproxime al del embrión humano debe ser tratada con el respeto debido a la dignidad de la persona (Dignitas Personae, n. 5). Que una cámara cardíaca lata de manera autónoma no es un detalle técnico: es una cuestión antropológica de primer orden.
La Iglesia es la única institución mundial que dispone de un marco antropológico coherente para responder a estos avances. El realismo tomista —el hombre como unidad de cuerpo y alma, no como suma de funciones biológicas— ofrece los recursos intelectuales necesarios. Pero esto supone que los cristianos participen en el debate científico con competencia, y no se contenten con posturas reactivas. Los comités de ética, las facultades de medicina católicas y los biólogos católicos tienen aquí una responsabilidad propia.
La terminología "embrioides" está precisamente concebida para eludir la cuestión del estatuto moral. Se nombra de manera diferente para tratar de manera diferente —procedimiento retórico clásico, ya denunciado por C.S. Lewis en La abolición del hombre. La pregunta no es "¿es un embrión en el sentido jurídico?", sino "¿es una entidad cuya destrucción requiere una justificación moral seria?". La respuesta tomista es: sí, en cuanto imita el desarrollo de una persona humana.
"Me formaste en el seno de mi madre" (Sal 139,13). La vida no espera al debate bioético para existir. Los científicos, médicos y filósofos católicos están llamados a nombrar con claridad lo que está en juego: no por reflejo confesional, sino por exigencia de verdad. Apoyar a las asociaciones que realizan este trabajo —Généthique, Alliance VITA— es un acto intelectual tanto como espiritual.
**Embrioide**: Estructura sintética derivada de células madre que imita el desarrollo temprano de un embrión, sin ser el resultado de una fecundación.
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Un cœur qui bat dans une boîte, ça fait bizarre. On dirait qu’on joue aux apprentis sorciers.
Un cœur qui bat tout seul en boîte, ça me fait froid dans le dos. Où on met la limite entre une expérience et quelque chose qui respire ?
Créer des cœurs qui battent en labo, c'est impressionnant, mais est-ce qu'on ne joue pas aux apprentis sorciers ? Où est la limite entre recherche et démesure ?
Ces cœurs qui battent tout seuls, ça me glace. On se demande vraiment où s’arrête la recherche et où commence l’orgueil.
C’est vrai que ça fait réfléchir… On se croit tout-puissants, mais au fond, on ne maîtrise même pas ce qu’on crée.
Un cœur qui bat en labo, sans âme, ça me fait froid dans le dos. On joue à Dieu ou quoi ?
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