Europe 26/06/20266Añadir a favoritos

Una cita difundida por Le Salon Beige recuerda que una Europa desvinculada del Evangelio corre el riesgo de suicidarse. Adquiere un relieve particular en el momento en que la COMECE forma a su juventud católica en las instituciones europeas.
Una advertencia profética circula en los círculos católicos francófonos: Europa, al cortarse del Evangelio, arriesga condenarse a sí misma (Le Salon Beige, 26 de junio de 2026). Este diagnóstico, que los papas han formulado en varias ocasiones —Juan Pablo II en Ecclesia in Europa (2003) en primer lugar—, adquiere un relieve particular en el momento en que la COMECE (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea) se esfuerza, a través de su Youth Net, por formar a jóvenes delegados católicos en la participación ciudadana y la presencia cristiana en las instituciones de Bruselas.
El diagnóstico es antiguo, pero se actualiza en cada nuevo giro legislativo europeo. Los debates sobre el género en los programas educativos, la presión migratoria y su respuesta institucional, los expedientes bioéticos: tantos ámbitos en los que la brújula cristiana es sistemáticamente excluida del campo de los argumentos admisibles. La formación que la COMECE propone a sus jóvenes delegados —presencia en las instituciones, diálogo con los parlamentarios europeos, anclaje doctrinal— es precisamente la respuesta a este vacío. No se trata de una presencia de lobbying, sino de un testimonio de la razón iluminada por la fe, según el espíritu de Gaudium et Spes (n. 76): la Iglesia no se confunde con la comunidad política, pero la ilumina con su luz.
Europa no se reconstruirá cristianamente por decreto institucional. Lo será, o no, según sus ciudadanos —los católicos en primer lugar— lleven la verdad del hombre a los espacios donde se decide su futuro. La COMECE tiene razón al formar a estos intermediarios. Es necesario que sean numerosos.
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C’est vrai, on sent bien que l’Europe tourne le dos à ce qui l’a construite. Sans cette lumière, on finit par s’égarer.
C’est vrai, une Europe sans ses racines chrétiennes, c’est comme un arbre sans sève. Mais bon, on peut pas forcer les gens à croire, faut que ça vienne du cœur.
Dire que l'Europe se perd sans l'Évangile, c'est pas juste une idée de curé, c'est ce qu'on voit tous les jours dans les lois qui nous arrivent.
C’est vrai qu’on parle souvent de l’Évangile, mais l’Europe a aussi besoin de justice et de bon sens, pas que de débats qui opposent.
Sans l'Évangile, l'Europe tourne en rond : on le voit bien avec les lois qui nous arrivent de Bruxelles.
Sans l'Évangile, l'Europe tourne en rond. C'est pas une théorie, c'est ce qu'on voit tous les jours dans les lois qui sortent.
Jeunesse catholique et institutions européennes : la COMECE forme ses relais