FranceReservado a miembros 25/06/20260Añadir a favoritos

Habíamos seguido el avance de las técnicas de PMA y sus implicaciones éticas. La Academia Nacional de Medicina acaba de emitir un dictamen solemne en contra de la importación de gametos. Expresa, en lenguaje médico, lo que la Iglesia lleva diciendo desde hace décadas en lenguaje moral.
Habíamos seguido, en este hilo, el auge de las técnicas de procreación médicamente asistida: GPA, misoprostol solo, IA y filiación. La moratoria internacional sobre la GPA, presentada ante la ONU por una veintena de Estados, entre ellos Francia, había constituido una señal fuerte. Una nueva señal llega hoy desde el interior del mundo médico: la Academia Nacional de Medicina ha emitido, el 25 de junio de 2026, un dictamen solemne oponiéndose a la importación de gametos (ovocitos y espermatozoides) procedentes del extranjero para abastecer los bancos franceses de donaciones.
La ley de bioética de 2021 amplió la PMA a las mujeres solas y a las parejas de mujeres. Esta extensión ha generado una escasez estructural de gametos que algunos proponen paliar mediante la importación desde países donde la donación es remunerada —práctica ilegal en Francia—. La Academia de Medicina considera esta vía incompatible con los principios éticos fundamentales del derecho francés: gratuidad de la donación, anonimato del donante y consentimiento libre e informado. Recuerda que la importación de gametos remunerados constituiría una forma de mercantilización del cuerpo humano, prohibida por el artículo 16-1 del Código Civil. Según Genethique (25 de junio de 2026), el dictamen es consultivo, pero porta el peso simbólico de la institución médica más antigua de Francia.
La Academia dice aquí, en un lenguaje médico y jurídico, lo que la Iglesia lleva décadas afirmando en un lenguaje moral. Donum Vitae (Congregación para la Doctrina de la Fe, 1987, I, 6) recuerda que la procreación no es un derecho oponible a un tercero —médico, donante o Estado—, sino el fruto de un acto conyugal inscrito en el orden de la creación. Dignitas Personae (2008, n. 7 y n. 16) precisa que las técnicas que disocian la procreación del acto conyugal lesionan la dignidad del niño, que corre el riesgo de ser tratado como un producto a fabricar en lugar de como un don que acoger. La mercantilización de los gametos agrava esta lesión al introducir la lógica comercial en el orden de la vida. La Academia no invoca estos textos, pero sus conclusiones coinciden con las del derecho natural que estos documentos articulan —confirmando que la recta razón y la fe revelada pueden converger en las mismas exigencias morales, como subraya Juan Pablo II en Fides et Ratio—.
El dictamen de la Academia es consultivo, no vinculante. No impedirá que el legislador vaya más lejos si la presión política lo empuja. Pero ofrece un apoyo valioso a las voces que, dentro de la sociedad civil, resisten la deriva mercantil de la medicina reproductiva. Para los católicos comprometidos en bioética, ilustra que la razón natural, sin el auxilio de la fe revelada, puede llegar a las mismas conclusiones que el magisterio. Es una aliada objetiva —frágil, provisional, pero real—.
Cabe señalar que la Academia no cuestiona la PMA en sí misma ni su extensión a las mujeres solas. No pone en duda el presupuesto según el cual existiría un «derecho al hijo» que la medicina tendría la misión de satisfacer. Es precisamente este presupuesto el que la Iglesia impugna, en un plano anterior a las cuestiones técnicas de donación o importación. El dictamen, por loable que sea en este punto concreto, no aborda la raíz del problema.
La gratuidad de la donación, defendida por la Academia, es un resto de conciencia moral en un sistema que ya ha cedido mucho. Apoyemos públicamente este dictamen, sin olvidar que no es suficiente. Sigamos recordando que el niño no es un derecho, sino un don: «Los hijos son un regalo del Señor, el fruto del vientre, una recompensa» (Sal 127, 3).
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